miércoles, 1 de mayo de 2013

Misterio de las Tres Necesidades



Misterio de las tres necesidades

NO, esto no va de paso de misterio. Esto va del peso de un misterio, que no es lo mismo. Verán...
Los hermanos de mi querida cofradía de La Carretería me perdonarán que tome de sus sagrados titulares el encabezamiento. En cierto modo, en las vacaciones todos somos hermanos de la Carretería. ¿Que por qué? ¿No nos pasamos todo el día en la carretera, yendo y viniendo a la playa, a la casita del Aljarafe o al hotelito rural en la Sierra de Cazalla? ¿No es Mester de Carretería acaso este afán de meterse en carretera a todas horas, los niños por la noche para ir a la discoteca, ojú qué peligro con las copitas, las caravanas por Bormujos o en el peaje de Las Cabezas? 
Los hermanos de la Pontificia y Real Archicofradía de La Carretería tienen entre sus sagrados titulares, junto al Cristo de la Salud y a Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, a una Virgen preciosa, secreta, desconocida para muchos sevillanos: María Santísima de la Luz en el Misterio de sus Tres Necesidades al Pie de la Cruz. (Para que no tengan que buscarlo en Internet, les diré que esas tres imperiosas necesidades de la preciosa Virgen de la Luz con el Señor de la Salud muerto en la Cruz eran: escalera para descenderlo, sábana para amortajarlo y sepulcro para enterrarlo).
Tomando con todo respeto la referencia de esa advocación cofradiera, con la venia de su hermano mayor, don José María Sainz Estrada, expresada mi veneración por la bendita Virgen de la Luz, y sentada plaza en la estival cofradía de la Carretería de la carretera, del que voy y que vengo por la A-49, por la E-4 y por la N-340, he de decir que en Sevilla tenemos planteado el muy civil y ciudadano misterio de las tres necesidades que nos han sorprendido con estivalidad. Sí, en el Código Penal deberían introducir la circunstancia agravante de la estivalidad. Como la nocturnidad o la alevosía, esto de que el Ayuntamiento nos la meta doblada en verano, cuando todos estamos en la carretería del playerío y ni siquiera leemos los periódicos.
Con estivalidad, el Ayuntamiento (eso a lo que le ponen de mote «Consistorio» en los títulos de los periódicos) nos tiene a algunos sumidos en el civil misterio de las tres necesidades. A saber:
1ª necesidad: la Ronda.-¿Qué necesidad había de poner la Ronda con un solo sentido de la circulación, con el follón que ya había en las dos direcciones, y sin que haya una solución alternativa, como suele ocurrir con todas las grandes decisiones municipales tomadas de espaldas a los vecinos y en plan salto del cigarrón, sin saber dónde van a caer? ¿Qué necesidad había de obligar a dar un rodeo enorme que dicen que supone 4 kilómetros más de gasto de gasolina por cada coche que vaya desde la Puerta Osario hacia la Resolana? 
2ª necesidad: la Biblioteca del Prado.- ¿Qué necesidad había de edificar esta biblioteca, si las bibliotecas, además, son usadas por los estudiantes mayormente como salas de estudio más que como lugares de consulta de libros? ¿Qué necesidad había, estando a dos pasos del Prado la Biblioteca Infanta Elena, también construida por cierto dentro de un jardín histórico, catalogado y protegido, como San Telmo? ¿Qué necesidad había de plantificarla precisamente sobre un jardín como el del Prado, que está en la flor de la juventud, con la hierba en la boca, recién crecido, cuando hay tanto campo por ahí por el alfoz?
3ª necesidad: la calle Asunción.- ¿Qué necesidad hay de peatonalizar la calle Asunción? ¿Qué necesidad hay de hacer peatonal una calle que no va a ningún sitio salvo en los días de Feria, que no está conectada a zona comercial o monumental alguna? ¿Qué necesidad hay de condenar al coche de San Fernando a un vecindario envejeciente, que cada día está peor de los pinreles, y al que ahora el autobús, el taxi o el coche de los hijos o de los nietos los deja en la puerta de su casa? ¿Qué necesidad hay de vedar al tráfico una calle donde no hay monumento alguno que pueda ser dañado por la contaminación de los tubos de escape? 
Y como siempre: ¿por qué se hace todo contra la opinión y los intereses de los afectados por estas decisiones misteriosas, tomadas caprichosamente sin ninguna necesidad?

© Antonio Burgos  
Publicado en diario ABC, 12 de agosto de 2008.


Interior de capilla sin cofradía


Interior de capilla sin cofradía

Nadie ha podido ver nunca nacer un río desde las mismas entrañas de la sierra, desde dentro. Si subimos breñas y jarales, contemplaremos todo lo más cómo brota la blancura primera de sus aguas, criatura que apenas nacida ya sabe andar en derechura a la mar. Pero en estos días nos es dado el raro milagro de contemplar el nacimiento de un río desde dentro de la tierra que lo alumbra. Los templos de donde salen cofradías son montañas huecas desde donde puedes ir viendo el nacimiento de ese río. Río de luz de cera, de sombras de capirotes, insignias de terciopelo, varas de plata, canastillas de caoba, palios dorados. Si te pones en un rinconcito de la capilla del barrio puedes ver el nacimiento de ese río, como desde dentro de una sierra hueca.

La ciudad está sosegada y en calma. Roma da la hora sexta en La Caridad. Del Aljarafe le llega al barrio un sol torero, un sol de muelle de la Carrera de Indias. De pronto se abren las puertas de la capilla. En el momento exacto, ni más ni menos, esfera del pelucón de Valdés Leal, va saliendo a la vida la Pasión y Muerte. Casi se da de cara con los balcones con geranios y recuerdos de Tarila, de Galerín, de los Contreras, de los viejos almacenes de efectos navales. El Arenal rompió aguas, y, como si fuese la vez primera que ocurriera, la hermandad nace como cofradía en la calle. Tiene algo de parto la salida. Meses de gestación dan este fruto de amor. Esfuerzo en los cuellos, en las cinturas fajadas: ¡Más a tierra esa trasera!

Ves zarpar este barco de caoba como un viejo consignatario de coloniales buques de sueños y recuerdos. Ya se obró un año más el milagro de lo imposible en la salida del paso. ¿Lo saca un capataz o el práctico del muelle? La capilla, tramo a tramo, insignia a insignia, se ha ido quedando vacía. Alma sin cuerpo de nazarenos de Cristo. Ya salen los de Virgen. Y como una metáfora de la vida, ya, ¿ya?, cuando te das cuenta está en la puerta lo que anuncia el principio del final: el estandarte. Bacalati con tomati, dice Cabriolas en el mostrador de Ventura, junto al azulejo de la Virgen del Mayor Dolor que fríe el tiempo en la pescadería de Isabelita. Y pensando en la brevedad de la vida o de la salida de la cofradía estás, yayayai de saeta de este ya, cuando oyes los tres golpes de llamador. Ya está el palio armonioso, romántico como la cofradía toda, cuadrado con la puerta. Se igualan el silencio de la calle y de la capilla vacía, cuando la voz del capataz resuena por igual en retablos y azoteas: ¡Más a tierra esa trasera! Suenan fuera las palmas y la Marcha Real. Y con la misma exactitud con que se abrieron, in ictu oculi, se cierran las puertas por donde salió la cofradía. Por donde El Arenal la parió, alumbró de cera a la Luz misma.

Has visto antes, cerca de aquí, en tu misma casa quizá, este interior de capilla vacía cuando acaba de salir la cofradía. ¿Acaba de salir o se la acaban de llevar? La caoba de la canastilla yéndose tiene mucho de caja mortuoria que se llevan. Las garras de bronce se aferran con los zancos al tiempo que queremos detener. Este interior vacío, sin el calor de la cofradía, tiene mucho de casa de donde se acaban de llevar para siempre, con los ojos cerrados, a alguien querido. Todo, como en la casa, es el memorial de una ausencia reciente. Aquí estuvo el altar de insignias en la gloria de la mañana. Aquí, en estos mármoles, los dos pasos con los mejores recuerdos de tantas familias del barrio. Hace la eternidad de un instante estaba la cofradía aquí, entera, llena de vida y ahora... Suena fuera, lejos, la marcha de palio, con un aire funeral por Toneleros, por la Esquina del Negro, cerradas las puertas de la capilla vacía. Alguien muy querido se le ha ido al barrio: la cofradía. Nunca para siempre. Metáfora de la fe, a la noche vendrá la resurrección, cuando todo en esta capilla ahora vacía vuelva a la vida tras la Pasión y Muerte, con la cofradía que entra, saetas que se nos clavan, yayayai que sangra en la luminosa herida del tiempo. Hasta el año que viene si Tú quieres.


© Antonio Burgos  
Publicado en diario ABC, 25 de marzo de 2005.


Los vacíos de Sevilla



Los vacíos de Sevilla

Es lugar común citar el barroco «horror vacui» como motor de la estética sevillana. Lees «horror vacui» y piensas en la Capillita de San José, donde no cabe ya ni un alfiler de Fernando Morillo para poner un tocado a una Virgen. O piensas en las yeserías de Santa María la Blanca. O en la bulla. ¿Qué es la bulla, sino el «horror vacui» de las calles vacías? Cuando se lamentaban de la masificación de la Semana Santa, mi recordado Luis Rodríguez Caso decía:
-Sí, mucho quejarse de la masificación, ¿pero os imagináis lo que sería que, llegada la hora de iniciar la estación de penitencia y con la cofradía formada, se abrieran las puertas de la iglesia, se pusiera en la calle la cruz de guía y fuera no hubiese absolutamente nadie esperando ver la salida?
Y por el juego de contrarios, también barroco puro del olivo de la Minerva del patio de la Casa de Pilatos, tan nuestro como el «horror vacui» es el «amor vacui». La delectación de los grandes vacíos de Sevilla. Los vacíos de la nostalgia. Ese vacío de mi capilla de la Carretería a prima hora de la tarde del Viernes Santo, cuando acaban de salir el Cristo de la Salud y la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. Que es el mayor dolor de la soledad de esa capilla vacía, que te recuerda siempre la casa familiar de la que los funerarios se acaban de llevar el ataúd con el cuerpo de un ser querido.
Las grandes fiestas de Sevilla acaban en los grandes vacíos de la nostalgia. Si queréis ver una reescritura Lipassam de la «Canción a las ruinas de Itálica» de Rodrigo Caro, id hoy al triste vacío de la Feria: los farolillos por el suelo, los mostradores apilados, las ya mustias flores de papel, la camioneta que se lleva las sillas, los hierros sin lonas que quedan como el esqueleto de un cuerpo que tuvo vida...
Es un vacío distinto. Un vacío sin nostalgia. Hasta para esto la Feria es distinta y rarita. ¿Qué son 160 años en una ciudad que fundó Hércules en persona? El vacío que sigue a la Semana Santa tiene otro encanto literario. Los vacíos de la Semana Santa tienen esa nostalgia de la cuadrilla del Gran Poder que en la desarmá se lleva de la capilla el paso del Señor sin el Señor, que hasta en la levedad del racheo se escucha que falta su presencia. O esos pasos de misterio camino del almacén, como barcos hacia el desguace, como en traslado de fantasmas, los sayones de media Judea cubiertos con sábanas. O esa íntima y personal desarmá de la túnica desde la casa del amigo donde te vestiste hasta tu propia morada. Ay, esa bolsa del Cortinglés de donde asoma el macho de cartón del capirote de negro ruán, donde va enrollado el esparto con sus correíllas de material, sic transit gloria Hispalis.
Vacío de la tristeza del mediodía del Corpus, con el romero pisoteado por Cerrajería y Sierpes, con la priostía ya en mangas de camisa, quitada la chaqueta del oscuro terno de la procesión, desmontando el altar que han puesto donde estaba Auto Ibérica y vivía el humanista Miguel Romero Martínez. Hay un cuadro de Virgilio Mattoni que refleja la tristeza del vacío del Corpus: terminada la procesión, por la Avenida desierta, un sacristán pasa ante la Puerta de la Asunción llevando una manguilla de vuelta a su parroquia.
¿Y el vacío de la mañana de la Virgen, terminada la procesión, cuando el centro se queda desierto mucho más temprano que el día del Corpus? Por no salir de Valdés Leal, en un abrir y cerrar de ojos desaparecen de pronto todos los abanicos, todas las chaquetas de mil rayas, todas las gafas de sol. Y no es que haya que pensar en Bécquer: «Ante aquel contraste de vida y misterios,/ de luz y tinieblas, medité un momento:/ Dios mío, qué solos se quedan los muertos». No, la ciudad no está muerta: en sus misterios, está llena de vida. De esa vida interior, riquísima, de la soledad. «Sosegada y en calma», como la frase ritual de la Ronda del Jueves Santo.
Poco le duran a Sevilla estos vacíos solemnes y hermosos. Estará usted pensando que ya mismo estamos en el Rocío.

© Antonio Burgos  
Publicado en diario ABC, 1de mayo de 2007.


Envidia del tío de la escalera


Envidia del tío de la escalera

Detrás de cada paso va siempre una breve bulla de paisano de la propia hermandad. Figuras menores de la Pasión, de las que nadie habla, a las que ningún poeta dedicó nunca un solo verso, los que casi nunca salen en las fotos artísticas de la Semana Santa. Va el aguador de la cuadrilla con el bidón horroroso de plástico con que se ha sustituido al cántaro de Lebrija; va uno, hermano antiguo, mecánico prejubilado, que es quien le soluciona todos los chapuces a la cofradía durante la estación; va otro con un escudo de la cofradía colgado de la solapa de la chaqueta que nunca sabe nadie bien qué hace allí; y va el tío de la escalera. Mucho antes de la solemnidad de Jueves a Sábado Santos con los misterios del Descendimiento, con los dos santos varones bajando a Cristo del madero, el tío de la escalera ha sido desde el Domingo de Ramos como la figura de una Pasión viviente, como un José de Arimatea o un Nicodemus que, impacientes, se han adelantado una mijita al misterio de las tres necesidades de María que esta tarde crujirá con el barco carretero.
El tío de la escalera nos encanta al niño que todos llevamos dentro estos días. A mí de chico lo que más me gustaba era, en las tardes de viento, cuando el tío de la escalera tenía que usarla para subirse a los pasos de misterio y encender los pabilos de la cera apagada en los guardabrisas de los candelabros. Era como una carrera contra el tiempo, apasionante. El tío de la escalera estaba, con su pabilo encendido, prendiendo los codales, y se veía que la cofradía había ya echado a andar, que ahora el pertiguero ordenaba levantar los ciriales, que el capataz se volvía hacia el paso y se iba derecho al llamador. Y la duda era siempre la misma inquietud: ¿a que no se dan cuenta y levantan el paso con el tío ahí en lo alto? ¿A que se va a pegar el costalazo desde ahí arriba, con escalera y todo? Pero no era listo ni nada el tío de la escalera, que justo un segundo antes de que sonara el primer golpe del martillo se bajaba y quitaba aquello de allí, ya con todo el candelabro reluciendo como el sol a pesar del viento marcero o abrileño.
A Antonio Machado, en sus recuerdos de infancia sevillana, tuvo que seguir evocando la figura del tío de la escalera. ¡La de tíos de la escalera que vería, quizá hasta al otro lado del puente! Pues su madre, trianera, seguro que lo llevaba a ver las cofradías del Arrabal y Guarda, cruzando precisamente el puente donde conoció al que había de ser su marido, una tarde que los delfines habían subido por el río y Triana se echó a la barandilla para verlos. Machado, cuando recuerda al Cristo de los Gitanos, quizá evoque al Señor de la Salud de la Carretería, porque cita de entrada una saeta que pide prestadas escaleras para desenclavarlo.
El tío de la escalera no la pide prestada para subir al madero, sino que la tiene durante toda la estación de la cofradía como si fuera de su propiedad. Envidiable salvoconducto para no perderse una en la cofradía querida, para estar en todo lo mejor, tras el paso de la Virgen venerada o del Cristo de la devoción familiar. Viendo las cofradías, yo no envidio al hermano mayor que va delante con la vara dorada. Envidio al tío de la escalera. Menuda suerte, haber ido toda esta Madrugada con una escalera detrás de la Esperanza o del Gran Poder, todo el recorrido. Entrando por donde nadie entra, pasando por donde nadie pasa. Llega la cofradía a La Campana y echan a media humanidad que va con la hermandad, pero el tío de la escalera pasa, vamos que si pasa. Llegan a la Catedral y nadie entra, pero el tío de la escalera sí que entra. Es como un privilegiado penitente de paisano. Liviano tiene que ser el peso de la escalera yendo detrás de esos prodigios. Sin pagar papeleta, menudo sitio te has buscado, envidiable tío de la escalera...

© Antonio Burgos  
Publicado en diario ABC, 10 de abril de 2009.



El Barco del Carbón

El 22 de abril de 2011 (Viernes Santo), el diario ABC de Sevilla publica una columna escrita por Don Antonio Burgos en la que narra la historia de un viejo barco que zarpa cada Viernes Santo del muelle del Arenal; navegando por un barrio de Luz con un puñado de viejos estibadores y cuatrocientas almas (Cruz de Santiago al pecho) como tripulación...

El barco del carbón fue, desde entonces, el cariñoso sobrenombre por el que conocemos el Misterio de las Tres Necesidades al pie de la Santa Cruz...

Pero, mejor, te invitamos a que leas el relato original: El barco del carbón. 


viernes, 19 de abril de 2013

Obituario

El pasado miércoles 17 de Abril de 2013 fallecía en Sevilla NHD Antonio Fernández Soler, padre de NH y amigo Antonio Fernández Granados tras una larga enfermedad.

Desde estas líneas El Barco del Carbón quiere expresar a nuestro amigo Antonio, cariñosamente " Rubén ",  nuestro más sincero pésame y nuestro abrazo y todo el apoyo necesario para él y los suyos de parte de su familia carretera.

Auténtica historia viva de la Hermandad de la Carretería, en la que ostentaba el nº 50 ( aprox. ), D. Antonio representaba una magnífico ejemplo del patrimonio humano que cualquier cofradía se honra en tener.

No todos los carreteros tuvimos la fortuna de conocerle. La parca nos lo arrebata antes de que pudiera asomarse a  El Barco del Carbón y ennoblecerlo con sus palabras, pero los que nos honramos con la amistad de Rubén, digno continuador de su devoción carretera, reconocemos, admiramos y respetamos a la figura de D. Antonio en la persona de su hijo.

Descanse en la paz del Arenal, y ahora, formado de nuevo en tramo de parejas nombradas junto a su Cristo de la Salud y su Madre del Mayor Dolor, le rogamos que haga las "gestiones necesarias " para que algún Viernes Santo venga sin lluvia, y nos haga sentir su presencia entre nosotros vistiendo la túnica nazarena.

En su recuerdo y homenaje, reproducimos aquí la entrevista  publicada en el Boletín de la Hermandad en Diciembre de 2009.

El Xto del Salud y su Bendita Madre acojan su alma y un fuerte abrazo para ti Antonio.













viernes, 12 de abril de 2013